HISTORIA
Aunque a finales de los años veinte Cecil B. De Mille realizó un breve ciclo de películas matrimoniales, es la década de los años treinta la gran reina de las comedias románticas. Es la década de la Screwball Comedy.
La Screwball Comedy es un conjunto de películas que combinan un ritmo narrativo muy vivo, con diálogos complejos, inteligentes y sarcásticos, siendo elementos que se encuentran al servicio de una trama ingeniosa y algo agresiva que, aparte de contener una cierta sátira social, generalmente tiene como eje argumental las singulares relaciones que se establecen entre un hombre y una mujer, que con personalidades muy diferentes e, incluso, contradictorias (por pertenecer a estratos sociales y culturales diferentes) forman la pareja ideal, gracias a lo que podíamos denominar como factor romántico. Suelen ser largometrajes con cierto tono irreverente y, con frecuencia, presentan a los protagonistas en situaciones poco comunes y equívocas, que incluso rozan el ridículo. Pero todo ello queda superado cuando se produce el enamoramiento o reconciliación final.
Películas como La Comedia de la vida (Twentieth Century, 1934, Howard Hawks) y Sucedió una noche (It Happened One Night, 1934, Frank Capra) son parte importante de este movimiento. Precisamente, en esta película ni Clark Gable ni Claudette Colbert (los protagonistas) querían participar, pero les supuso su consagración definitiva. Ganadora de 5 Oscars y con rotundo éxito en taquilla, contiene escenas maravillosas y muy sugerentes para la época, como la forma en que Claudette Colbert consigue un coche haciendo auto-stop, para lo que enseña una de sus piernas.
Pero si hay una película a la que históricamente se la muestra como ejemplo perfecto del género Screwball Comedy, esa es La fiera de mi niña (Bringing up baby, 1938, Howard Hawks), con un argumento increíble en el que encontramos a un dinosaurio, un leopardo, un despistado paleontólogo, una chica consentida de buena familia y diversión a raudales.
Otro tipo de comedias que triunfaban eran aquéllas que contenían el toque Lubitsch, que hizo célebre el director europeo Ernest Lubitsch. Consistía en la insinuación y la ligereza del conjunto del film. Películas como Ninotchka (Ninotchka, 1939) y El bazar de las sorpresas (The Shop Aound, 1939), cuya historia volvió a ser adaptada a la gran pantalla en 1998 por Nora Ephon con la película Tienes un e-mail (You´ve got mail), son un magnífico ejemplo de la maestría de este director europeo que supo adaptar perfectamente su estilo propio dentro de este género.
Este tipo de películas se mantuvo hasta principios de los años 40. Es entonces, y debido, en gran parte, a la Segunda Guerra Mundial, cuando el género tuvo que adaptarse a las nuevas circunstancias sociales.
A partir de la década de los años cuarenta las comedias empiezan a cambiar. Las comedias maritales se hacen más comunes y la figura de la mujer cobra mayor relevancia en esta época. El lujo por el que se identificaba a estas películas se sustituye por más austeridad e ingenio.
Una razón muy importante para que esto ocurra es la Segunda Guerra Mundial. Con el estallido de la guerra, los hombres se marchan al frente y son las mujeres las que se hacen cargo del trabajo en el país. La incorporación de la mujer al mundo laboral como una profesional de inteligencia, muchas veces superior a la del hombre, es un recurso muy utilizado. No debemos olvidar que el público al que van dirigidas estas películas es, eminentemente, femenino.
Así, en películas como Ella y su secretario (Take a Setter, Darling, 1942, Mitchell Leisen), en la que Rosalind Rusell debe contratar a Fred MacMurray para que haga las veces de su jefe ante clientes machistas, o El doctor se casa (Doctor Takes a Wife, 1940, Alexander Hall), en donde Ray Milland deberá vérselas con una feminista militante que escribe libros en contra del matrimonio y que tiene el angelical rostro de Loretta Young, ya se puede apreciar el cambio que experimenta el género, haciéndose más evidente durante la Segunda Guerra Mundial.
Es una época en donde las comedias son más críticas y reivindicativas. Preston Sturges, con su película Los Viajes de Sullivan (Sullivan´s Travels, 1941), crea el más hermoso alegato de defensa del cine cómico, y Ernest Lubitsch deja bien clara su aversión a cualquier tipo de totalitarismo, destacando la película Ser o no Ser (To Be or Not to Be, 1942), que resulta una dura crítica contra el nazismo emergente en Europa y un homenaje al teatro, con unas escenas inolvidables, como la caída de los soldados alemanes desde el avión sin paracaídas.
Destacamos aquí películas como Mi mujer favorita (My Favorite Wife, 1940, Garson Kanin), de la que se realizó un remake en 1963, protagonizado por Doris Day y titulada Apártate, cariño (Move Order Darling, Michael Gordon); Bola de fuego (Ball of Fire, 1941, Howard Hawks), cuyo director realizó una nueva versión siete años después, en 1948, llamada Nace una canción (A song is Born); Las tres noches de Eva (The Lady Eve, 1941, Preston Sturges) y La costilla de Adán (Adam´s Rib, 1949, George Cukor), siendo una de las películas que se toman de ejemplo para hablar de la guerra de sexos en el cine.
Terminada la guerra, y los hombres regresando al hogar, las comedias se vuelven más blancas, más ingenuas y con un halo romántico más perceptible. Se potencian los valores familiares, un nuevo modelo de sofisticación se irá imponiendo y dará lugar a elegantes comedias del tipo Mi desconfiada esposa (Designin Woman, 1957, Vicente Minnelli) o Cómo Casarse con un millonario (How to Marry a Millionaire, 1953, Jean Negulesco).
La antigua comedia romántica estaba desapareciendo, pero aún se hacían películas con un encanto especial. En este sentido, hemos de hablar indudablemente de Vacaciones en Roma (Roman Holiday, 1953, William Wyler), en la que nos encontramos escenas que ya forman parte de la iconografía cinematográfica, como el paseo en Vespa por Roma de los protagonistas. Y no nos podemos olvidar de la inigualable Sabrina (Sabrina, 1954, Billy Wilder), película exquisita y deliciosa de la que, en 1995, el realizador Sydney Pollach se atrevió a realizar un remake con Harrisond Ford y Julia Ormond.
Otra película importante es El Hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952, John Ford), un filme que se tardó en rodar treinta años, pero en el que nos encontramos inmersos en el mundo de Innesfree, un pueblo irlandés, con un John Wayne sorprendente y una Maureen O´Hara sencillamente deliciosa. Toda la película rezuma optimismo y romance. La escena más conocida de esta película será el beso de los protagonistas en medio de un fuerte vendaval, con la melena pelirroja de Maureen ondeando al viento.
Pero si hay un fenómeno que marca esta época es la aparición de las comedias de Doris Day, haciendo honor a la que sería su máximo exponente. Es un cine que no duró mucho tiempo. En Estados Unidos, Confidencias a media noche (Pillow Talk, 1959, Michael Gordon) marcó el inicio de esta tendencia, convirtiéndose en un éxito arrollador, y también su protagonista Doris Day, que fue la estrella más cotizada del momento. El tipo de mujer que representa es el de una fémina trabajadora, competitiva, inteligente y muy reacia a los acercamientos de sus pretendientes. La pareja Rock Hudson y Doris Day realizó otras películas de este estilo, pero destacaremos Pijama para dos, (Lover Come Back, 1961, Delbert Mann) y No me mandes flores (Send Me No Flowers, 1964, Norman Jewison). De todas las películas que realizó, se la recuerda, sobre todo, por las que hizo con Rock Hudson. En el año 2003 se realizó una película norteamericana que homenajeaba precisamente a esta pareja, Abajo el amor (Down With Love, Peyton Reed), recordando la estética propia de esa época y que obtuvo un éxito considerable.
Pero la comedia romántica entrará en una crisis de la que le costará décadas superar, y ya no recobrará la calidad de épocas anteriores.
Ya durante la época de los sesenta nos encontramos con que la industria del cine se encuentra en su peor momento. La irrupción de la televisión en la vida cotidiana de los espectadores mina el interés de acudir al cine para ver ciertas películas. Uno de los géneros más afectados es la comedia romántica.
La industria se ve obligada a cambiar su política de marketing y de creación de películas. Se intentan explorar nuevos horizontes, mezclando géneros como el suspense en Charada (Charade, 1963, Stanley Donen), y surge la comedia romántica agridulce, cuyo mayor exponente es la inigualable Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany´s, 1961, Blake Edwards), con secuencias tan memorables como el mismo inicio de la película, una Quinta Avenida totalmente vacía con una Audrey Hepburn vestida elegantemente con un traje de noche, desayunando delante de Tiffany´s, o ella misma cantando en la ventana, con una guitarra y una voz susurrante, Moon River.
Películas como La condesa de Hong Kong (A Countess from Hong Kong, 1967, Charles Chaplin) reciben el apelativo de rancias y pasadas de moda, ya no interesan. El canto del cisne de este género tal y como se le conocía será Descalzos en el parque (Barefoot in the Park, 1967, Gene Saks), basada en una exitosa obra de teatro y protagonizada por unos jóvenes Robert Redford y Jane Fonda. Será el último gran éxito.
En 1972 nos encontramos de nuevo con una comedia de calidad, ¿Qué me pasa, doctor? (What´s Up Doc?, 1972, Peter Bogdanovich), que intenta recuperar el estilo de las comedias clásicas, realizando una película ágil y divertida en la que encontramos a una Barbra Streisand y a un Ryan O´Neal en estado de gracia. Es una rareza dentro de este periodo.
Las comedias románticas no son rentables y se ven condenadas a un cajón de las productoras, y así seguirá hasta finales de la década y principios de los ochenta, en donde una nueva forma de hacer cine se va imponiendo y recuperará este género vilipendiado en su momento. Pero ya será demasiado tarde, la calidad de los viejos maestros cederá a la necesidad de vencer a la televisión, de atraer a los espectadores de nuevo al cine.
Aparece un nuevo género, la comedia romántica juvenil, y un nuevo creador, Woody Allen.
A partir de los años setenta se vive en el cine, en general, y en el norteamericano, en particular, una especie de revolución, de renacimiento, sobre todo por la aparición de hombres y mujeres influenciados por las nuevas tendencias europeas de cambiar la industria y sus estructuras. Del conformismo social de los sesenta se pasó a una intención de experimentar y transgredir los géneros y las convenciones de Hollywood. Los nuevos creadores conectaron con un tipo de audiencia joven que, en cierto modo, les señalaron el camino para renovar la industria. Temas como la violencia o la sexualidad comenzaron a tratarse de una manera más abierta, más directa. La abolición del antiguo código de producción, datado en los años treinta, permitiría mayor autonomía de filmación a los directores y un tratamiento de los temas con mayores dosis de compromiso y agresividad.
Para el género de la comedia romántica, y de la comedia en general, fue un cambio radical. Las antiguas estrellas habían desaparecido y una nueva hornada de jóvenes talentos emergía con fuerza. Y entre esos nuevos talentos debemos destacar a Woody Allen, que con su Annie Hall (1977) y Manhattan (1979) proporcionó a la comedia romántica un aire más intelectual y profundo, que le devolvió la dignidad al género.
Pero antes ya habían aparecido, aisladas, películas que indicaban un renacimiento, como La Chica del adiós (The Goodbye Girl, 1977, Herbert Ross) y El próximo año a la misma hora (Same Time Next Year, 1978, Robert Mulligan). Sin embargo, empezaban a ocupar un lugar preferente en los espectadores un nuevo tipo de comedias románticas, las protagonizadas por personajes juveniles, cuyos amores transcurrían durante su etapa estudiantil, como por ejemplo El Cazachicas (The Pick-Up Artist, 1987, James Toback) y Todo en un día (Ferris Bueller´s Day Off, 1986, John Hughes).
A finales de los años ochenta nos encontramos con un auténtico boom de la comedia romántica. Títulos como Algo salvaje (Something Wild, 1986, Jonathan Demme), Hechizo de Luna (Moonstruck, 1987, Norman Jewison), Cita a ciegas (Blind Date, 1987, Blake Edwards) y, sobre todo, Cuando Harry encontró a Sally, (When Harry Met Rally, 1989, Rob Reiner), con la famosa escena de Meg Ryan fingiendo un orgasmo en una hamburguesería, relanzan de una forma definitiva este género hacia las siguientes décadas, marcando las características de la nueva comedia romántica comercial.
Como dijo Dino Risi: ¿Por qué obstinarse en decir comedia a la italiana? Las que se hacen en Estados Unidos no se llaman a la americana.


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